La comunicación por vídeo facilita el establecimiento de relaciones entre culturas distintas. Por ejemplo, entre personas procedentes de China, Japón u Oriente Próximo, con las de Alemania, Suecia y Dinamarca. En el primer caso las jerarquías son mucho más rígidas y eso se deja ver en las relaciones comerciales, mientras que en el segundo, los países se caracterizan por su enfoque de las "distancias cortas", de forma que los compañeros suelen relacionarse entre sí como iguales, con independencia de sus cargos formales. Cuando personas de culturas de distancias cortas interactúan con las de culturas en la que la jerarquía es mucho más rígida el vídeo puede ofrecer unos signos no verbales de respeto que aminoran los efectos de esas diferencias.
"Los factores que contribuyen al éxito durante las comunicaciones por vídeo tienen que ver con los individuos y sus mentalidades, con la forma en que los equipos son dirigidos por sus responsables, y con el modo en que la empresa puede crear una mentalidad que respalde estos aspectos", indica Stuart Duff, director de desarrollo en Pearn Kandola. "Hemos observado el valor de las pistas visuales en reuniones fructíferas, y las tecnologías de vídeo que las amplían al máximo, como la telepresencia, son ideales para mantener unas excelentes relaciones. No obstante, las personas que llegan a las reuniones con una actitud positiva, los jefes que comprenden y apoyan las diferentes personalidades y culturas de sus equipos, y las empresas que proporcionan los recursos y la capacitación para convertir las comunicaciones por vídeo en algo normal, son también elementos esenciales para conseguir la máxima eficacia en las reuniones con vídeo".
Al final las “redes visuales” pueden ayudar a las empresas a llevar la productividad a un nuevo nivel.
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